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Si el pueblo no las hace… las ve hacer

 

La actual dinámica en Bogotá, que se presenta como una pugna y forcejeo entre sectores políticos de derecha e izquierda, tiene dimensiones más grandes y abarcantes de las que aparenta tener.

A todas luces los argumentos para la destitución de Petro son, no solo falsos sino amañados. Si las causas de su destitución fueron poner en riesgo el medio ambiente y la salud humana de los capitalinos por un tiempo de tres días, preguntamos: ¿por qué no es destituido el ministro de minas y energía, quien determina las políticas minero energéticas que hoy tienen en alto riesgo ecosistemas estratégicos del país? ¿Por qué no destituir al ministro de salud, quien no ha hecho una sola acción para que la vida de los colombianos deje de ser transable como cualquier mercancía? ¿Por qué no se retira del cargo a tantos alcaldes y gobernadores que mantienen a las poblaciones en niveles vergonzosos de salubridad y en riesgo permanente a los ecosistemas?

Está claro que la respuesta a todos estos interrogantes, es que el Estado más que ser un garante de los “derechos de todos”, es el garante de los derechos de algunos, de los ricos, de los poderosos, de las grandes empresas nacionales e internacionales. O, ¿por qué celebran hoy los consorcios económicos, que se han llenado los bolsillos con el negocio de la recolección de la basura y el reciclaje, la decisión del Estado? La democracia se queda entonces en la boca de los politiqueros a quienes les parece que esa palabra es un buen adorno para sus discursos.

La administración de Petro atraviesa por un gran dilema, pues en la medida que hace parte de la institución y del Estado, está obligada a asumir sus reglas y por esta razón, se atreverá a lo sumo, a convocar a plantones pacíficos, que pueden demostrar fuerza simbólica, pero no generan mecanismos efectivos de presión. En última instancia, cualquier administración pública queda presa de algo más grande que se alza sobre ella: el rumbo que el régimen de acumulación determina para todo el país.

La historia del país, nos ha demostrado que los derechos que el pueblo ha conquistado para mejorar sus niveles de dignidad, han sido a partir de la lucha; la mayoría de veces sin la venia ni el permiso del Estado y sus instituciones, pues tan solo dan permiso de decir  pero sin gritar, de caminar sin marchar, de pedir sin exigir, de solicitar sin luchar… de protestar sin protestar.

La actual coyuntura tan solo es posible resolverla a favor de nuestros intereses, de los más necesitados, solamente en la medida que seamos nosotros mismos, quienes tomemos el rumbo de la movilización y el futuro en nuestras propias manos. Los trabajadores de las ciudades y los pobres del país seguimos asumiendo que la pelea social y popular es el único camino que puede asegurar mejores y mayores condiciones de vida digna.

 

                  ¡Por una Colombia libre y soberana, unidad y lucha!

      MOVIMIENTO POLÍTICO DE MASAS SOCIAL Y POPULAR DEL CENTRO ORIENTE DE COLOMBIA

Zonal Bogotá

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