El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma (Bertolt Brecht)
Hace ya más de 150 años que el movimiento de artesanos en Colombia le daba una importante lección al conjunto de la sociedad. Se trataba de reivindicar la posibilidad de una vida digna para los trabajadores del país. El paso de una sociedad dependiente, eminentemente de la tierra, a través del trabajo agrícola y artesanal, a una sociedad en constante desarrollo industrial desató fuertes tensiones que se consumaron en lo que se llamó la Rebelión de los artesanos.
Este movimiento de carácter libertario, como otros en la historia nacional fue reprimido violentamente. Sin embargo, la enseñanza fundamental de esta experiencia es que el arte no es un escenario apartado de la vida social, no es el lugar de asiento de los acomodados, que han decidido dejar de coexistir con los demás humanos para ganarse un espacio en donde no los toque el hambre y la pobreza. Más bien de allí confirmamos que el arte es necesariamente una forma de trabajo en la que los seres humanos nos encontramos a través de la sensibilidad de nuestra propia condición de especie. En otras palabras, el arte permite que nuestras vidas se reproduzcan de manera integral. El arte es el ímpetu que sentimos los humanos por transformar nuestras condiciones de vida, es la exaltación máxima de nuestro deseo por
liberarnos de las diferentes ataduras que se nos imponen.
Por estas razones creemos que el arte no puede ser cómplice del proyecto cultural de una sociedad que ponga por encima los intereses de acumulación de unos pocos y ocasione el sufrimiento de las mayorías.
Por el contrario, debe constituirse en el martillo del escultor que día a día construye un proyecto social y cultural que se contrapone al capitalismo, al ubicar al ser humano en perspectiva de constante emancipación.
Para que el arte sea liberador y transformador, lo abordamos así:
1. Continuamos el camino iniciado por los trabajadores del arte y la cultura d e n u e s t r a C o l o m b i a ,d e Latinoamérica y el mudo, quienes han dado lo mejor de su ingenio para denunciar el lamentable estado de opresión y explotación de las clases populares y así mismo demostrarles el ilimitado alcance de sus fuerzas y capacidades.
2. Generar procesos de gestión económica consciente y solidaria que garanticen el desenvolvimiento del arte con autonomía. Reivindicamos el arte y la cultura de y para los sectores populares.
3. Rescatar las costumbres, conocimientos, saberes y tradiciones que constituyen nuestra memoria e
identidad ancestral, reconociéndolos para construir mediante el arte y la cultura legados que recreen los principios de nuestros valores colectivos.
4. Generar conciencia sobre el lamentable daño y consecuencias que el actual modo de vida, sustentado en las relaciones de expoliación capitalista, han desatado. Para trabajar desde el arte en defensa de nuestros territorios, la autodeterminación de los pueblos, la preservación y el uso equilibrado de nuestras riquezas
humanas y naturales.
5. Cultivar la sensibilidad del ser humano ante las condiciones de abuso e infamia a las que está sometida la clase popular, así como inspirar en esta el deseo de luchar por una sociedad libre.
De esta manera entendemos el llamado que hacemos desde este rinconcito del centro-oriente de Colombia. Para que aquellos/as que hacemos arte en las esquinas y en las veredas nos demos cita en un movimiento artístico y cultural que protagonice las urgentes transformaciones que requiere el pueblo colombiano.
Amanera de festival le queremos decir a los poderosos que somos guitarras, voces, pintura, zancos… Que en un solo grito de inconformidad hemos decidido retomar las banderas de la rebelión de los artesanos para decir ¡Otro mundo es posible!



